Hablemos sobre la Muerte…

Por MMGM | 06/05/06

Para poder comenzar a escribir sobre este tema, citaré la frase que Guillermo, mi padre, tenía pegada sobre un mármol muy blanco que sostenía una calavera, en la biblioteca de su garaje. La frase de Esponceda estaba escrita con su antigua máquina de escribir sobre un papel blanco que aún dice: "Muertos no son, los que la paz disfrutan de la tumba fría; muertos son los que tienen muerta el alma y viven todavía". A partir de esta frase intentaré escribir sobre este tema tan difícil porque encontraremos varias maneras de considerar a la Muerte.

Tomaré la primer parte de la frase: "Muertos no son, los que la paz disfrutan de la tumba fría", porque todos sabemos que la muerte o morir, es dejar el cuerpo, abandonar el cuerpo, y la tumba es fría porque ya no hay vida. Cuando alguien muere se suele decir: "Que su alma descanse en paz", por lo tanto sabemos que el cuerpo tiene un final, que está corroborado por esa frase tan conocida que parece decir en tono muy serio: "Del polvo venimos y al polvo volvemos". Es decir que sabemos que el cuerpo tiene un principio cuando nacemos y un final cuando morimos.

Lo que nos faltaría saber es cómo llegar a ser viejos o ancianos y cumplir con el ciclo de la vejez, con la debida preparación para la muerte o el abandono del cuerpo físico. En nuestra cultura este conocimiento no está a nuestro alcance, por eso no estamos preparados para el buen morir, que es acompañar a nuestra Alma, que es nuestro verdadero Ser, a emprender ese viaje hacia… lugar del que hablaremos luego.

El principio y el fin

El cuerpo tiene un principio y un final; el alma es eterna, porque toma un cuerpo para poder manifestarse, expresarse, hablar, sentir; cuando se termina el tiempo o ciclo de vida, el alma abandona ese cuerpo y entonces deja de vivir en este mundo que conocemos, con nuestros seres queridos, nuestras posesiones y sus maravillosos paisajes. Y me pregunto, ¿acá se termina la existencia? ¿Qué sucede con mi alma después de esta muerte, de este cambio de estado del cuerpo?

Si creo en la reencarnación, esto me permitirá darle a la vida una nueva mirada, porque si el alma pasa por diferentes vidas, formas y personalidades, que son transitorias y temporales, al ir evolucionando vida tras vida, iríamos agotando las experiencias que finalmente nos llevarán a la perfección del Ser, y volveríamos entonces a nuestro origen, a la verdadera fuente, que es Dios, el Espíritu Creador.

Hasta ahora podemos decir que éste es nuestro paso y experiencia por este mundo; entonces la reencarnación sería la única explicación clara de todos los obstáculos, problemas, misterios, injusticias y las desigualdades de nacimiento que cada uno enfrenta, y que no siempre son fáciles de entender. Hay una ley kármica que nos dice que las buenas y malas acciones tienen una consecuencia, "toda causa tiene su efecto", es decir que cada uno recoge lo que ha sembrado. Estos actos que vuelven a nosotros, son los que nos traen repetidamente a esta existencia hasta que aprendamos a tener una recta conducta, un recto decir, un recto pensar y un recto obrar. Y con el tiempo terminaríamos por comprender que no estamos solos y que es el Espíritu quien nos sostiene: primero exteriormente porque sabemos que está afuera nuestro y luego desde nuestra fe. Si no fuese que hay una inteligencia mayor que tiene un plan sabio, que aún la humanidad no comprende, tendríamos que pensar que la divinidad, o Dios, sería una creación irresponsable y no tendríamos entonces el sostén de la fe, que es el estado de paz en nuestro corazón y la alegría en nuestra alma.

Certeza o certidumbre

La fe, es entonces la esperanza y la certeza de sentir que hay algo más allá, aunque no lo podamos comprender, tocar o sentir interiormente todavía.

Hasta aquí entonces hemos dejado el cuerpo en la tumba fría. Sigamos entonces con el final de la frase que me resulta tan interesante y dice: "Muertos son los que tienen muerta el alma y viven todavía". Esta parte me hace pensar en el presente, en lo que nos toca vivir diariamente y como esto se refiere a nuestro paso por la vida sin vida. ¿Cómo puede suceder esto? y ¿cómo puede estar muerta mi alma si es eterna?

Esto sucede porque la vida es la acumulación de experiencias y vivencias que nos van moldeando. Algunas experiencias son buenas, otras malas, algunas se disfrutan alegremente y otras se lloran con gran tristeza y mucho dolor. Es decir que la experiencia de vivir es sentir, hacer, tocar, amar, sufrir, cantar, llorar, reír, comer, coser, trabajar, cocinar, limpiar, tomarse un cafecito, viajar, etc., etc., etc.

Cuando nos aferramos a las situaciones que nos limitan y nos causan dolor, vivimos en un mundo cultural, porque en este momento la cultura del dolor o displacer es la que nos marca el modelo a seguir. Es decir que no tenemos calidad de vida, calidad de tiempo, calidad de familia, no tenemos conocimiento y sabiduría, y por tener todo lo que es de última generación debemos empeñar nuestro placer para poder tener y tener. Desde estas situaciones y forma de vida, con sacrificios, sinsabores, dolores y desconformidades, puedo decir entonces "…que tengo muerta el alma y vivo todavía", porque el dolor y el aferrarme a las cosas materiales me hace ser más ambiciosa y egoísta y me aleja de la vida, de mi alma y de mi fe. Entonces… ¿cómo podemos cambiar esto?

Una ayuda inesperada

La Muerte nos vuelve a ayudar para cambiar. Pero necesitamos a la muerte como crisis para poder cambiar ese estado que detiene y frena nuestro paso por la existencia y con esa crisis podremos crecer. Un ejemplo de este cambio es el pasaje de la niñez a la adolescencia, hay una muerte porque muere el niño que debe asumir una nueva etapa de crecimiento durante su adolescencia. Y deberíamos poder crecer sin perder la inocencia y espontaneidad.

Es así que la muerte es la posibilidad de cambiar una actitud, una conducta que nos molesta o la posibilidad de cambiar una situación. Ajusta y obliga a nuestra personalidad, que se aferra a todo, para que aproveche la oportunidad de darse cuenta y, al tomar conciencia de lo que nos sucede, poder cambiar algo en nosotros. Es una pequeña muerte interna que nos va a ir liberando de una situación que no nos hace felices. Es un cambio que no se ve porque primero: se siente.

Se siente algo raro, extraño y desconocido que no es fácil de explicar. Pero se ve, cuando se refleja en nuestro exterior. Por ejemplo, si vengo enojada de la oficina y me enojo con todos los que están en casa, todos estarán peleados y de malhumor, pero si vengo enojada y en mi casa me relajo y me siento bien, todos estarán en armonía. Entonces la Muerte es poder cambiar esas actitudes que nos alejan de lo bueno de la vida y de disfrutar las cosas más sencillas y cotidianas.

La Muerte como crisis y cambio interno nos dará la oportunidad de soltar lo que nos impide cambiar, lo que nos impide sentir vida y lo que nos impide sentir Alegría que es el verdadero estado del Alma o de nuestro Ser. Y debemos recordar que este intento de darnos cuenta es una actividad que dura toda nuestra vida, y por eso hay que dar un paso día a día y disfrutar en este mismo instante los buenos momentos.

Aquí y ahora

Este mismo instante es más conocido como el Aquí y Ahora. Y cuando comencemos a sentir diferente y a querer estar bien, nos conectaremos con esa chispa de vida, de luz y alegría que es el Alma, y disfrutaremos la vida que nos tocó vivir, y comprenderemos que la fe será nuestro sostén; porque la fe es esperanza, es el principio de sentir amor y encontrar a Dios en la Virgen María, en Miguel Arcángel, en San Expedito, en la Virgen del Rosario de San Nicolás, en Krisna, en Ganesha, en Jesús, en la Pachamama, en San Cayetano, en la Virgen de Luján, en cualquiera de ellos o en todos esos seres que nos ayudan a saber que no estamos solos. Y sentir su presencia en nosotros nos llevará a comprender y sentir que si estamos en comunión, la muerte no existe, es un sueño, es la mayor ilusión que tenemos en la tierra y que nos produce gran temor y nos aleja de nuestro verdadero Ser, de nuestra verdadera esencia.

Si creo en la Virgen María o en Jesús, ¿por qué no pensar que cuando abandone mi cuerpo, alguno de ellos me podría estar esperando junto con mis seres queridos y los amigos que ya no están, en algún lugar del firmamento del cielo y la tierra?

Si intento creer que la muerte es un nacimiento a otra vida superior, no sería el abandono del cuerpo una instancia en la que, con el sostén de mi fe y el calor de la fe de los que me rodean, lograría un momento de amor para que mi alma pueda partir de este mundo en paz.

Y si en esa vida superior me encontraré con los que he amado y me prepararé para reencarnar cuando sea el momento adecuado, no estaría diciendo entonces que lo único que muere es el cuerpo, y que lo único eterno es el alma y el amor, ya que el amor es lo único que sostiene este universo tan magnífico, tan inconmensurable, tan único y eterno.

Comencé citando frases y voy dando fin a estas líneas con el poema que copiamos un 21 de junio de 2003, fecha en la que Hugo Raúl Cornejo al abandonar su cuerpo, dejó una parte de su vida, de su ejemplo y de su sabiduría en nuestros corazones:

Morir no es cerrar los ojos porque llegó la noche final
sino, bajar los párpados para no ser encandilado por la luz de un amanecer.
No es cruzar las manos porque llegó el final de una tarea
sino, descansarlas un poco porque pronto comienza la tarea definitiva.
No es detener los pies porque se acabó el camino
sino darles descanso para poder estar de pie mañana.
No es callar la voz porque llegó el silencio para siempre
sino darle un descanso porque mañana hay que amanecer cantando.
No es terminar el camino en la oscuridad final
sino cruzar el túnel hacia la luz total.
No es sufrir la última desilusión porque todo acaba
sino vivir la ultima esperanza porque todo empieza.
Morir, no es morirte para siempre
Sino… comenzar a vivir de otra manera.

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