Quirón:

Estar Herido y la Voluntad de Vivir

Por Liz Greene

"Apollon", Agosto 1999

Desde el descubrimiento de Quirón en 1977, los astrólogos experimentaron y exploraron sus temas, escucharon los nuevos relatos que resuenan sobre su antiguo mito y llegaron a una cierta comprensión de su impacto arquetípico. Ahora, cerca de veinte años después, Liz Greene ve a Quirón como esencial para profundizar nuestra comprensión de la conciencia solar, pues, para elegir vivir la vida a pleno, debemos encarar esa parte nuestra que más bien busca la muerte.

La voluntad de vivir es un gran misterio. Todo médico, cualquiera sea su experiencia en enfermedades con riesgo de vida, sabe que dicha voluntad puede afectar el bienestar tanto físico como psicológico, y que la supervivencia frecuentemente depende de la voluntad de vivir del enfermo más que de los tratamientos médicos administrados. La voluntad de vivir tampoco es necesariamente lo que proclamamos sentir. Podemos proclamar que queremos vivir, pero en algún lado, dentro de nosotros queremos "ir a casa", y este anhelo de olvidar puede ser más poderoso que cualquier declaración conciente o intención de "mejorar". Algunas personas reaccionan ante el conflicto, el dolor y la desilusión, con una respuesta creativa que transforma su perspectiva y hasta su circunstancia. Otros se vuelven amargados y desesperanzados y viven en un mundo gris y tenebroso o pierden totalmente su voluntad de vivir. Entre aquellos que han renunciado internamente, no están sólo los suicidas activos, sino también aquellos arquitectos de sus propios "accidentes fatales", quienes, aún inconcientemente, están incentivados por un poderoso anhelo de llegar al final del sufrimiento y la desdicha. El comportamiento autodestructivo no siempre implica el gesto obvio de tomar un frasco de píldoras o usar un cuchillo para cortarse las venas. No existe una fórmula fácil para determinar porqué algunos individuos enfrentan los desafíos de la vida, a pesar de sufrir severos infortunios y limitaciones, mientras otros dan la espalda a su futuro, aún si la suerte los favorece. Además, no siempre, la pérdida de la voluntad de vivir puede tener como resultado la autodestrucción. Puede expresarse como el impulso de destruir a otros, como si, en un nivel profundo e inaccesible, la proyección de la desesperanza y la victimización de otros le diera, al individuo que sufre, la ilusión de que es fuerte y está controlando su vida. De esta manera, la persona que, secretamente, ha perdido la voluntad de vivir puede, en extremo, tratar de privar a los otros de la alegría —y quizás aún de la vida— encontrando una víctima propiciatoria que pueda cargar con toda la desesperación que siente dentro de sí.

El misterio puede tener su origen, como muchos misterios, en el enigma del carácter individual inherente, y la carta natal puede darnos amplia comprensión de los modelos que apuntalan ese carácter. Para cualquier polaridad que se da en la vida, nosotros, como astrólogos, siempre necesitamos buscar una polaridad entre los planetas, y ésta de esperanza versus desesperación, de la voluntad de vivir versus desesperanza, puede ser iluminada, al menos en parte, a través del simbolismo de la polaridad entre el Sol y Quirón.

No creo que podamos comprender realmente el significado de ninguno de esos planetas sin considerar el del otro. Aunque no estén realmente formando un aspecto en todas las cartas personales, no obstante, ambos están presentes en todas ellas constituyendo una energía dinámica dentro de la personalidad. Un aspecto directo agudiza esta dinámica y frecuentemente se transforma en el foco del viaje personal, pero la polaridad existe en cada uno de nosotros. Todos los planetas hasta e incluyendo a Saturno, sirven al desarrollo del ego individual, especialmente simbolizado por el Sol, de hecho, podemos aún decir que los planetas personales "sirven" al Sol como centro de la individualidad. Pero Quirón yace en la interfase entre Saturno y los planetas exteriores, por eso mediatiza las cuestiones colectivas que impactan y hieren al individuo. Por su naturaleza, la implicancia colectiva de Quirón, significa algo colectivamente "no cicatrizable" porque la herida existe en lo colectivo y es ancestral. Por su naturaleza, el Sol refleja el sentido de finalidad y significado de vida de cada individuo, y éstos están íntimamente ligados a la voluntad de vivir y de llegar a ser uno mismo. Cada uno de estos planetas necesita al otro, pero si la balanza se inclina mucho para un lado o para el otro, pueden sobrevenir ciertos problemas psicológicos. Seguidamente hay una lista de "palabras claves" que puede ser de ayuda para entender la relación entre el Sol y Quirón. Me gustaría primero explorarlas en mas detalle y luego ver lo que puede pasar cuando el Sol trabaja contra Quirón, y lo que puede pasar cuando trabajan juntos. Después de una breve descripción de ambos planetas, el ejemplo de una carta puede ayudar a ilustrar la misteriosa dinámica entre el Sol y Quirón.

Temas claves

El sol   Quirón
Destino individual
Sentido de significado
Esperanza para el futuro
Auto-confianza
Generosidad
Identidad individual separada de la familia y la sociedad
El poder de crear
La habilidad para jugar
El niño divino
  Las frustraciones e imperfecciones colectivas
Desilusión
Los ideales frustrados
Ineludible sensación de estar herido
Amargura y cinismo
Daño físico y psicológico
Aceptación de los límites mortales
Búsqueda de la comprensión
Compasión
El Sol trabajando en contra de Quirón   El Sol trabajando junto a Quirón
Depresión
Pérdida de confianza
Sensación de daño permanente
Cinismo
Expectativa de fracaso
Sentido de victimización o de ser víctima propiciatoria
Deseo de victimizar o hacer del otro una víctima propiciatoria
Proyección de inferioridad sobre otros
Pérdida de la voluntad de vivir
  Sabiduría
Paciencia para afrontar aquello que no puede cambiarse
Tenacidad y firmeza
Entendimiento de patrones profundos
Melancolía que lleva a lo profundo del pensamiento y de los sentimientos
Decisión de contribuir al bienestar de los demás
Compasión
Sentimientos de ser especial atemperados por la aceptación de los limites humanos
Activación de la voluntad de vivir

El significado del Sol

No perderé tiempo en describir el significado del Sol pues ya lo he hecho ampliamente en varias oportunidades. En resumen, el Sol representa la esencia de la divinidad individual viviente(o, si se prefiere, un término menos "espiritual", el impulso vital), encarnado en una forma humana, con los límites de una vida individual y que se expresa a sí mismo con una naturaleza y propósito específico. A través del Sol nos experimentamos como únicos, especiales y nacidos con algo para aportar a la vida. Para parafrasear lo expresado por Charles Harvey en una conferencia, el Sol, dentro de nosotros, hace que nos conectemos con el macrocosmos y nos experimentemos como parte de algo eterno. Esta experiencia interna nos transmite, no "felicidad" en el sentido coloquial ordinario, sino una profunda serenidad y esperanza que surge del sentimiento de vivir una vida útil y significativa. Podemos llamar a esto una experiencia de "destino individual", porque el Sol refleja aquella parte nuestra que sabe que estamos aquí para concretar un propósito específico. Apolo fue, en el mito griego, el dios que disipaba la oscuridad de la maldición familiar y liberaba al individuo de las ataduras de un "pecado" ancestral. El sentido del significado y propósito individuales puede verdaderamente liberarnos del sentimiento de estar atrapados en el pasado familiar. El Sol también nos da un sentido de futuro individual, confianza en nuestro propósito y la convicción interna de que estamos "yendo a algún lado". Es el Sol el que nos permite pelear, para liberarnos a su vez del sentimiento de futilidad e inutilidad, y el que afirma nuestro valor único aún si nuestras circunstancias son penosas.

La experiencia interna de destino, significado y esperanza individuales nos brinda, a su vez, auto-confianza y una creencia en la bondad esencial de la vida, y esto puede ser una poderosa fuerza curativa tanto a nivel físico como psicológico. Si la expresión del Sol está bloqueada, ahogada, o poco desarrollada por alguna razón, —por heridas infantiles, por ejemplo, o por conflictos internos reflejados en la carta— a la persona le resulta muy difícil sentir que tiene el derecho a estar viva por sí misma. Las dificultades de la vida pueden, entonces, amplificarse porque no hay sensación interna de ser especial ni esperanza de la cual nutrirse. En la carta, el poder de creación depende del Sol porque cuando creamos algo, nos entregamos a algún "otro", dentro nuestro, al cual le confiamos que traerá buenos frutos. La creatividad requiere un acto de confianza. También el juego, donde nos entregamos al fluir del poder imaginativo que nos hace sentir alegres. El símbolo más antiguo de este poder solar, creativo y juguetón, es la imagen del niño divino, que personifica lo eternamente joven e indestructible dentro nuestro.

El significado de Quirón

En el arte grecorromano, Quirón es siempre representado llevando un niño sobre sus espaldas. Pero a pesar de este emblema de esperanza, la figura del Rey de los Centauros es trágica. Vale la pena reiterar el mito, que es frecuentemente distorsionado o mal relatado por ser tan penoso. En el mito, Quirón no se vuelve un curador por haber sido herido.

Esa es una reinterpretación optimista que intenta darle un sentido al dolor de la vida asignándole un significado y propósito específicos: desarrollar la compasión y la sabiduría para curar a otros a raíz de nuestro propio dolor. Esta reinterpretación del mito es válida como una forma de trabajar con las heridas propias. Pero el dolor de Quirón no servía a tan nobles propósitos en el relato verdadero. El ya era maestro y curador antes de ser herido. Podría inferirse que él ya está herido porque sufre de aislamiento, aunque es un Centauro, y por lo tanto, miembro de la tribu de criaturas que simbolizan el poder del instinto natural, él es en sí mismo civilizado, y esto mismo es lo que lo separa de su tribu. Quirón, en este contexto, representa al animal sabio, el poder natural que por su propia voluntad ha escogido servir a la evolución y a la conciencia humanas, más que permanecer ciegamente sujeto a las compulsiones instintivas del reino animal. Como el "animal que ayuda" de los cuentos de hadas, Quirón vuelve su espalda al salvajismo de su naturaleza instintiva para servir al modelo evolutivo, el cual considera es el camino a seguir para la totalidad de la vida.

Pero Quirón está en el lugar y momento equivocados. Es atrapado entre Hércules, el héroe solar que personifica la fuerza del ego humano, y los salvajes e indómitos Centauros a quienes Quirón mismo ha dejado atrás. Quirón no toma partido durante la encarnizada batalla, pues él simpatiza con los dos. Quizá, por este rol mediador, que lo ha privado de su agresión natural, es accidentalmente herido por una flecha envenenada apuntada a otro Centauro; y la herida no sana, no importa cuál sea el método curativo que le aplique. Finalmente se retira a su caverna, aullando de angustia, rogando morir. Zeus y Prometeo se apiadan de él y le conceden la gracia de la mortalidad, permitiéndole morir en paz como cualquier mortal, a pesar de haber sido un dios.

Este terrible relato implica una condición de injusticia en la vida que es dura de aceptar para cualquiera, y quizá aún más para los individuos idealistas involucrados en estudios tales como la astrología. Queremos creer que la vida es justa, que la bondad es premiada y la vileza castigada, por lo menos en alguna otra encarnación si no lo es en ésta. Aquí hay una criatura buena que sufre por una falta que no le pertenece, una víctima de la inevitable batalla entre la evolución y la inercia, entre la conciencia y el instinto ciego. Quirón es una imagen de aquello que ha sido herido en nosotros injustamente por la vida, y por condiciones ineludibles que reflejan frustraciones e imperfecciones en la psiquis colectiva que es infaliblemente tosca en sus esfuerzos por progresar. A raíz de que los seres humanos somos tanto héroes solares como animales salvajes, y de que nuestros esfuerzos por civilizarnos a nosotros mismos produjeron, a lo largo de la historia, resultados desastrosos, tenemos un legado de dolor infligido injustamente, que repercute a través de generaciones. Los daños físicos y psíquicos, cuyas causas yacen, no en el fracaso individual o aún familiar, sino en una herencia genética o desastres colectivos como el Holocausto o la pesadilla actual en Kosovo, pertenecen al reino de Quirón. En estas esferas nuestros esfuerzos individuales inflamados por el Sol, refinados y concentrados por los planetas interiores y a los que da forma y fortaleza Saturno, son desbaratados o dañados por fuerzas de la vida, la historia, la sociedad, y la psiquis colectiva, sobre las cuales no tenemos control y por las cuales, como individuos, no podemos ser culpados.

Semejante choque con las inevitables imperfecciones de lo colectivo pueden dejarnos llenos de amargura y cinismo. Podemos castigar a otros porque nos sentimos mutilados, heridos e irredimibles. O podemos castigarnos a nosotros mismos. Pero si logramos avanzar más allá de la negra bilis de la amargura, y si somos lo suficientemente persistentes en la búsqueda de respuestas, podemos por cierto, hallar una respuesta; aún si la respuesta es que no hay respuesta, y que debemos aceptar los límites de la existencia mortal. La aceptación es uno de los regalos de Quirón, y es diferente a la resignación autocompasiva. La gracia de la muerte, obtenida por Quirón, puede comprenderse como un símbolo de la aceptación de la mortalidad, y constituye una transformación que, aún si no puede curar lo incurable o alterar el pasado, puede cambiar radicalmente nuestra perspectiva de la vida. A través suyo aprendemos compasión, aunque de una clase limitada. La compasión de Quirón es la compasión de un cojo por el otro. Podemos sentir una profunda empatía por aquellos que han sido heridos como nosotros, pero sin el calor y la luz del Sol, tal vez no encontremos la generosidad para movernos más allá del círculo estrecho de aquellos cuya aflicción específica refleje la nuestra, y ver que la vida nos ha lastimado a todos, de una u otra manera.

 


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