La Carta Natal es una fotografía que expresa el momento constelar de nuestro nacimiento. Es una instantánea única e irrepetible; y dicha fotografía servirá, mediante su correcta lectura e interpretación, como un mapa de vida.
En ella hay tres ingredientes básicos: los planetas, los signos y las casas, que se combinan para formar una carta astrológica.
Los planetas, por un lado, representan determinadas "motivaciones", tendencias e impulsos psicológicos. Actúan de modo similar que los verbos, ya que si éstos describen ciertas "acciones" que tienen lugar en una instancia determinada, los planetas "intentan" materializar dichas acciones; por ejemplo: Marte "busca" afirmar; Venus "intenta" armonizar; Júpiter "procura" expandir; Saturno restringir; el Sol expresar; la Luna emocionalizar, etc.
Por otro lado los signos (Aries, Tauro, Géminis, etc.) representan doce "calidades" del ser, o mejor dicho: doce "actitudes" hacia la vida. Por ejemplo: existe la manera ariana, la manera taurina, la acuariana, etc. de responder ante un hecho determinado. Y estas maneras de responder se harán con la impronta de los planetas y sus correspondientes aspectos en un cierto ámbito; y ese "ámbito" será el de las casas astrológicas.
Entonces, además de ser una instantánea constelar de nuestro nacimiento, la Carta Natal es un Mándala [1] dividido en 12 casas o ámbitos en donde la naturaleza del ser expresará su energía y la razón de su existencia. Y es en este Mándala en donde el astrólogo, utilizando una técnica particular, nos dirá cómo es la persona expresada en esa carta, cuál es su carácter, su personalidad, sus gustos, sus defectos, sus virtudes, sus anhelos y aspiraciones; su manera de ser y reaccionar ante las diversas situaciones de la vida y dónde está mejor o peor equipado para afrontar un conflicto en particular.
En resumidas cuentas: los planetas nos muestran qué sucede, los signos cómo sucede, y las casas dónde sucede una instancia determinada de nuestra vida.
De esta manera el astrólogo puede deducir, tras su lectura, cuál es el rostro que alguien presenta al mundo y cuál es el rostro verdadero (el "Yo" esencial) que se oculta detrás de esa "máscara" o "personalidad" [2]. O mejor aún: cuál es el mito que la persona se inventó para subsistir (ficticio o imaginario) y cuál es el mito verdadero (auténtico, real) que debe representar para guiar a su alma, su verdadero Yo, por el camino de regreso a casa, es decir: lo Absoluto, Dios, el Tao.
La interpretación de la Carta Natal en sí, no indica qué le va a pasar en tal fecha determinada, no es predictiva. Para eso se hacen los "tránsitos", que se basan en los movimientos actuales de los planetas sobre los puntos ocupados por ellos mismos en la carta, es decir, en el momento del nacimiento a través del cual el ser se expresa al encarnar. La Carta Natal va mucho más allá, llega al fondo de cada ser para ver la realidad de cada uno, las motivaciones y deseos, al verdadero individuo que se oculta detrás de la personalidad.
Es fundamental tener nuestra Carta Natal, porque hay muchos aspectos de la vida que uno ignora. De este modo ella nos muestra dónde están ciertos factores positivos y potenciales desaprovechados, que nos serían de gran utilidad si los conociéramos plenamente como ser: talentos y habilidades, y dónde están los aspectos negativos del ser (las "sombras" [3]) que hasta hoy permanecen ocultos y deben ser identificados, asumidos y disueltos, para "vivir" el mito verdadero.
Gustavo Karcher/.
Astrólogo:
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.
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NOTAS:
[1] Los Mándalas son diagramas o representaciones esquemáticas y simbólicas del macrocosmos y el microcosmos; utilizados en el budismo y el hinduismo. Mándala es un término de origen sánscrito, que significa diagramas o representaciones simbólicas bastante complejas, utilizadas tanto en el budismo como en el hinduismo. Según el Diccionario Sánscrito Inglés, de Monier Williams significa 'círculo'. El Diccionario de la Lengua Española de la RAE acepta también "mandala", sin tilde.
[2] "Personalidad" deviene "persona" (en latín: "máscara" del actor) representaría el arquetipo de la máscara dentro de la conceptualización de la Psicología Analítica de Carl Gustav Jung.
Constituye aquella parte de nuestra personalidad que lidia con la realidad externa, es la máscara que se antepone en nuestro desenvolvimiento social cotidiano. Siendo esto así, Jung consideraba que la persona era parte necesaria, no patológica, del desarrollo individual, especialmente respecto de la capacidad de asumir un papel social.
La patología deviene ante una identificación rígida con el arquetipo. En palabras del propio autor: "La persona... es aquel sistema de adaptación o aquel modo con el cual entramos en relación con el mundo. Así, casi toda profesión tiene una persona característica. El peligro está sólo en que se identifique uno con la persona, como por ejemplo el profesor con su manual o el tenor con su voz... Se podrá decir con cierta exageración: la persona es aquello que no es propiamente de uno, sino lo que uno y la demás gente creen que es". C. G. Jung, Gestaltungen des Unbebussten, 1950, pág. 55.
[3] Sombra: Por un lado, se podría definir como la totalidad de lo inconsciente. En otros términos, del mismo modo que Freud, el creador del Psicoanálisis, definiría inicialmente el inconsciente como todo aquello que recaería fuera de la consciencia, aquí Jung mantendría el mismo postulado pero aplicado claro está a su propio corpus teórico que como sabemos añade un componente colectivo más amplio que lo meramente personal. || En segunda instancia, como el aspecto inconsciente de la personalidad caracterizado por rasgos y actitudes que el Yo consciente no reconoce como propios.
Sería la parte inferior de la personalidad, la suma de todas las disposiciones psíquicas personales y colectivas que no son vividas debido a su incompatibilidad con respecto a aquella potencialidad que hemos encumbrado como reina de nuestra consciencia. Debido a esta escisión vital, y en contrapartida a la delimitación consciente, lo restante también deviene autónomo en lo inconsciente. Consecuentemente a dicha maniobra será la apertura inacabable del carácter ambivalente de lo inconsciente, pudiendo constituirse tanto en el recuerdo antagónico de lo faltante como en el alivio compensatorio de lo necesario.
A diferencia del Ánima y del Ánimus, donde sus correspondientes figuras oníricas tienen diferente sexo que el soñante, aquí la sombra se caracterizaría por su concordancia.
A nivel del inconsciente personal la sombra pertenece al Yo. A nivel de lo inconsciente colectivo representa un arquetipo autónomo, y por tanto independiente del Yo fáctico.