Astrología Horaria

Consideraciones antes de un juicio (1ª parte)

Muchas veces nos suele ocurrir que algún consultante está aferrado a una idea preconcebida, por lo que en realidad, lo que busca al hacer una consulta no es desvelar la duda sino más bien "confirmar" su idea primitiva. Lo que en realidad quiere decir que el deseo original es el de "velarla", racionalizándola a través de la astrología.

Otras, en cambio, el consultante tiene conocimientos previos de astrología por lo que entra en una competencia con el consultor por el sólo hecho de demostrar que él sabe más que el otro, que puede rebatir sus conceptos y cuestionar sus interpretaciones.

Otra posibilidad es aquella por medio de la cual el consultante tiene somera competencia sobre astrología (puede ser una interconsulta) pero sus conceptos morales y religiosos, identificaciones, sombras, prejuicios, escalas de valores u otros aspectos, no le permiten "ver" con objetividad la carta.

Muchas veces me ha sucedido que el consultante es "muy acuariano" (lo que no implica serlo), por lo que permanentemente me estuvo contestando: "sí, ya lo sé" y, al finalizar la consulta me dio a entender que lo había "estafado", puesto que confirma con su consulta que "nada nuevo hay bajo el sol". Ese "nada nuevo hay bajo el sol" es un pensamiento típico de este signo que necesita sostener esa idea para justificar sus aportes "novedosos", generalmente estrafalarios. Repito: es algo común a todos, y particular de ese signo.

Jugando a las escondidas

Algunas veces, en la charla previa al trabajo astrológico (la entrevista) puedo presumir, no sólo el signo sino el ascendente o algún planeta en alguna casa de acuerdo con construcciones gramaticales como las citadas anteriormente, gestos (los cancerianos gesticulan de una manera muy particular, por ejemplo, a lo que yo llamo: "el gesto de la Luna"), o conclusiones (siguiendo con Cáncer, es muy particular su manera de entender la realidad como un fenómeno "emocional"). Con los taurinos, por ejemplo, la frase que los evidencia es: "si esta vez no me sale, mando todo a paseo". Es que el toro se cansó de insistir. Pero esto no sería nada particular si, a la hora del juicio, lo que yo veo no coincide con lo que el otro "supone saber" o "cree ver". En muchas casos (el 99% diría yo) lo que pone la mayor dificultad para la aceptación de la lectura de la carta es la sombra del ego que se oculta en la Casa 12. Por lo que en algunos casos recurro a una técnica psicoanalítica de "abreacción", mediante la cual en la reacción se revela lo reprimido: la "personalidad" (el yo, enmascarado) manifiesto en la Casa 1, se disuelve temporalmente y aparece el yo real abruptamente desde la Casa 12 dándonos el claro indicio de que el consultante está "negando" lo que dice querer ver. En esos casos asumo el rol de lo satánico y el individuo proyecta sobre mí su sombra. No siempre resulta, pero cuando resulta, es conmovedor ver cómo "de pronto" el consultante asume su astrología. Y de eso se trata el truco en esta vida: "asumir nuestra astrología".

En un caso muy comentado por una colega, un hombre de 55 años había ido a consultarla por una gastritis que los médicos le decían una y otra vez que era psicológica. Estudios en mano, no había evidencia de patología alguna, pero él sentía un fuerte ardor en la boca del estómago. En la carta ella vio que el hombre, casado hacía 25 años, y amen de hablar maravillas de su matrimonio y su esposa, tenía una amante. Él lo negaba rotundamente, por lo que la colega revisó una y otra vez la carta y siempre le salía lo mismo. Estaba descorazonada: la consulta estaba haciendo agua por lo que recordó una de mis técnicas y "fingió" otra lectura en la cual ella se expuso a la proyección y entonces, saltó la térmica. ¿Cómo lo hizo? Tuvo una corazonada, por lo que con admirable inteligencia, se puso en el lugar de "la otra" (que en realidad no era "la auténtica" sino la formal) y la reivindicó como la mujer perfecta: angelical, maternal, compañera, sexy, inteligente, etc. En pocas palabras: fue más papista que el Papa. Y tras el comentario: "usted no la conoce" (él era de Leo con ascendente en Virgo: un actor que manejaba fríamente su personaje) terminó hablando pestes de su mujer y asumiendo que... no tenía una amante, sino tres. Él tenía miedo de que ella rompiese el secreto profesional, y por eso la desenfocaba. Después de ese episodio, él se relajó y le confesó la verdadera razón de su consulta: sospechaba que su mujer le metía los cuernos "injustificadamente". La carta demostraba todo lo contrario. En una consulta sucedente ella hizo la carta de su esposa y vio que le era fiel "hasta la muerte" (Tauro/Piscis). Seis meses después la gastritis había desaparecido, y también las tres amantes.

La abreacción no es precisamente una catarsis, ya que etimológicamente hablando, catarsis es un concepto más afín al sentido de "purga". La abreacción es una "reacción" (ab = "desde" + "reacción") que pretende (no siempre lo logra) crear en el consultante un insight, una "iluminación de la conciencia".

"Hablá más fuerte que no te escucho" [1]

Otro caso que también le tocó vivir a esta colega fue la de una mujer que se creía "maravillosa": Era Acuario/Cáncer con Sol en grado 29 (crítico). Ella estaba abocada a sacrificarse por el otro. Se creía la madre perfecta, la esposa perfecta, la empleada perfecta, y así de seguido. Casi todas las frases estaban precedidas por un rotundo: "claro, entiendo"... y concluían con un "sí... pero...". Lo que la llevaba a racionalizar cada uno de sus actos y así justificarse.

Había ido a consultar porque no entendía por qué, si era tan buena persona, tan solidaria con los demás, tan religiosa (asistía todas las noches a la iglesia, participaba de encuentros parroquiales), sus dos hijos le decían que era "satánica".

"Yo no puedo ser satánica, tengo santos por todos lados, prendo velas, voy a las peregrinaciones, hago meditación, yoga..." argumentaba, pero sus hijos le decían que era satánica y eso la tenía confundida. Y cada vez que mi colega intentaba hacerle ver que su carta relataba otra historia (su Casa 4 con cúspide en Escorpio estaba vacía lo que evidenciaba un poder solapado; su Casa 5 con la Luna interceptaba Sagitario, lo que demostraba que sus hijos en realidad eran sus maestros; y por oposición, su Casa 11 interceptando Géminis tenía en conjunción Saturno-Marte-Urano, por lo que confirmaba algo que sus hijos le echaban constantemente en cara: "no entendés nada: te importan más tus parientes de mierda que tus propios hijos") ...ella contestaba: "sí, claro" y concluía deformando la lectura de la carta para terminar diciendo: "es como yo digo" o su famoso: "sí... pero...". En ese caso no hubo forma de resolver el conflicto. De ayudar a esta mujer a transmutar su karma. Mi colega quedó desahuciada, pero lo mejor aún estaba por venir: durante meses pidieron turno varias personas recomendadas por ella y todas repetían una tras otra: "nos dijo que sos muy 'buena' y recomendable como astróloga y 'muy buena' persona".

Un dato curioso es que esta mujer todo lo disminuía: "un ratito", "un bocadito", "un besito" o lo relativizaba: "no es para tanto", "no es tan grave", pero esto último en relación a los asuntos de los demás o el enojo de sus hijos. Pero lo más llamativo era su manera "piadosa" de decir "pobrecito". Era como si en ese acto verbal ella fuera alguien "inmaculado". Y de esta manera disimulada ella se imponía agigantadamente (Júpiter en Casa 1) por sobre ese mundo disminuido en su fantasía, y alimentaba su ego de manera solapada (Plutón en Casa 1); en conjunción con su nodo Norte, los tres en el paradigmático signo de Leo: "yo soy (Casa 1) y hago (Leo) lo que deseo (Plutón)". Y ese era precisamente su karma mayor porque no veía que sus hijos le estaban diciendo que con eso, los estaba perdiendo. Esta combinación es brava, porque la persona se vuelve muy necia (de hecho era sorda de un oído: y no era casual: tenía Neptuno en Libra (disolución y/o deformación de la imagen del otro) y Quirón en Virgo (sangro por la herida de lo que no entiendo), ambos en Casa 2, que corresponde al oído. Por otro lado, reforzaba su creencia piadosa al ayudar económicamente a sus hijos como gesto de amor, y lo justificaba diciendo "pobrecitos".

Final del juego

Siempre hay que tener en cuenta que, como en el caso del psicoanálisis, la videncia o la medicina, el consultante "trae un problema". En Occidente nadie practica "medicina o astrología preventiva". Nadie se tira el I-Ching por las dudas o como rutina. Son muy raros los casos (aunque muy saludables). Por el contrario, siempre traen una inquietud o un problema ya fijado en un preconcepto. De modo que no buscan "soluciones" sino "confirmaciones"; y cuando en la carta aparece que la raíz del problema está en la persona, la tendencia general es la de enmascarar la lectura de la misma.

Algunos podrán presuponer que la persona está loca: paga para que le digan la verdad y cuando se la dicen, la niega. Pero esto es más común de lo que se cree. Es un mecanismo de supervivencia ante lo desconocido. Fíjense que cuando el ser se manifiesta está "vacío" frente al mundo fenomenológico. De modo que para "sobrevivir" recurre a la impostación, a la máscara, la mímesis, que no es otra cosa que la simulación para confundirse con el medioambiente y no ser predado. Esta tendencia natural nos reviste de una "personalidad", una máscara; la cual, al ser un acto inconciente, nos confunde con el personaje y nos convierte en él.

En algunas ocasiones he encontrado a quienes proyectaban un personaje "virtual", de modo que todas las agresiones y displaceres no hicieran impacto en el "supuesto" yo verdadero. Esta fantasía de preservación de la personalidad se veía en alto riesgo cuando el material proveniente de su Casa 12 se hacía manifiesto. Otros suelen utilizar el método del enmascaramiento (consultan por un tercero que son ellos mismos). Otros, por la simbiosis (consultan por un tercero pero en realidad, aunque los datos corresponden a ese tercero consultan por sí mismos). Muchas veces puedo detectarlos y ponerlos en evidencia mediante algunas técnicas de evidenciación.

El astrólogo debe tener siempre presente que el ser se manifiesta en la Casa 1, en donde se provee de una personalidad, y deberá recorrer todo su zodíaco a fin de llegar a la última casa en donde deberá asumir que el yo es una ilusión, un vehículo de tránsito, entre el Ser y la Nada. Y ese "milagro" sólo es posible, "ASUMIENDO" la Casa 12, la encargada de "disolver" la máscara asumida en la Casa 1.

En algunos casos, conviene no decir la verdad en primera instancia (otro método más suave). La compulsión a decirla (muy sagitariana) está más asociada con la importancia personal del astrólogo que con el plan cósmico de ser instrumento de transmutación para con el consultante. Dicen que "la palabra es plata y el silencio es oro".

En otros casos, (hoy en día: "los menores"), el consultante en realidad busca comprobar y demostrar que la astrología es un montaje, una farsa estrafalaria. Entonces nos dan pistas falsas, niegan lo obvio premeditadamente, y argumentan arbitrariamente para "confirmar-se." En estos casos el astrólogo está propenso a errar. Y por último, hay veces en que el conflicto está velado por otro suceso. Está "solapado" por éste, de modo que las presunciones preliminares no son asertivas. Pero esto no quiere decir que el conflicto no exista, sino más bien que merece otra lectura. Por lo que en estos casos recomiendo hacer una interconsulta con algún colega que, inclusive, trabaje con otro sistema astrológico. En la astrología, como en la programación, existen muchas maneras de llegar a un mismo punto, pero el "des-velo" a veces no está al final del camino sino dentro de su recorrido.

También está el caso en el cual los datos no son los correctos y merecen alguna rectificación. Aquí, el astrólogo deberá improvisar otros tipos de probabilidades para ver cuál de todas las cartas da con el perfil del consultante puesto que una sutil diferencia en grados puede significar un cambio radical de la carta (un Sol en 0° por ejemplo).

Pensamiento casete

Por último, y esto es muy común en el caso de las mujeres (más de lo que se supone), las consultantes suelen tener muy reprimido (o mal emplazado) su animus, lo que creará una seria dificultad para el astrólogo, constituyéndose con esto un maravilloso desafío digno de considerar a la hora de librar un veredicto.

Recordemos que mientras el anima del hombre funciona como su alma, el animus de la mujer se parece más a una mente inconsciente.

Esta mente inconciente se manifiesta negativamente en ideas fijas, opiniones colectivas e inconscientes, suposiciones a priori, que reclaman ser verdades absolutas ("pensamiento casete").

En una mujer que se identifica con el animus (en realidad está "poseída" por este), Eros generalmente está en segundo lugar con respecto a Logos. Esto quiere decir que su aspecto erótico está por debajo de su aspecto racional.

Las mujeres poseídas por el animus estarán siempre en peligro de perder su feminidad, otras veces, por temor a esa pérdida, reprimirán todo su animus y lo enviarán a la sombra de la Casa 12.

La forma como compensarán esa pérdida será sobreactuando lo femenino, y creyendo que con ello el fantasma de "lo masculino" (según ellas lo entienden) no las alcanzará. Entonces habrán de volcarse de manera compulsiva a reivindicar lo femenino y combatir lo masculino (convertido en tabú), y a identificarse compulsivamente a todo lo asociado con esa "supuesta" feminidad.

Esto suele llevarlas a ser tan reivindicativas de los valores de su sexo que "espantarán" sin entender por qué, a sus pretendientes; boicotearán sus parejas (algunas suelen inclinarse por buscar pareja en sujetos de su mismo sexo); y "temerán" quedar embarazadas por temor ("temor geométrico" [2]) a engendrar hijos varones, puesto que la sola idea de un contacto con "su masculino" les produce pánico. [3]

Pero lo mismo puede darse en el caso del hombre que "reprime" su parte femenina para sentirse más macho que hombre: enviando a su Casa 12 todo lo femenino natural que pueda tener, por lo que aquí lo femenino habrá de convertirse en tabú. Sin embargo, estos "machos" cabríos, cuando se enamoran, "coquetean" con sus pretendidas "imitándolas" sin darse cuenta, lo que los pone en un total y absoluto ridículo. Ver para creer: parecen maricas.

Este prejuicio forma parte de un falso mundo conceptual apoyado en las falsas dualidades judeocristianas en donde el Dios original se dividió entre Bueno y Malo, Justo e Injusto, Masculino y Femenino.

Si se observa la figura del Yin y el Yang podrá notarse que en toda manifestación femenina (Yin) hay un aspecto masculino y en toda manifestación masculina (Yang) hay un aspecto femenino. La negación de estos aspectos es lo que produce un conflicto y la aceptación, un sano equilibrio.

Gustavo Karcher/.
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NOTAS:

[1] Frase tradicional de Larguirucho, personaje de ficción de la serie Hijitus del dibujante argentino García Ferré surgida en 1967. En el original, apostrofado: 'Blá ma'fuete, que no te'cucho.

Temor geométrico: según mis observaciones es un temor de segundo nivel producto de un temor de primer nivel. Es como un "efecto dominó" (o "reacción en cadena"), en donde el temor original está solapado por el temor reactivo.

Aquí hay un temor de tres niveles: 1) ser lo masculino; 2) engendrar lo masculino; 3) ser fecundada por lo masculino.

[2] Temor geométrico: según mis observaciones es un temor de segundo nivel producto de un temor de primer nivel. Es como un "efecto dominó" (o "reacción en cadena"), en donde el temor original está solapado por el temor reactivo.

[3] Aquí hay un temor de tres niveles: 1) ser lo masculino; 2) engendrar lo masculino; 3) ser fecundada por lo masculino.


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